22 de noviembre de 2009

«Un libro que, después de haberlo demolido todo, no se destruye a sí mismo nos habrá exasperado en vano».

Silogismos de la amargura
E. M. Cioran
.

11 de noviembre de 2009

"El universo malogrado". Entrevista a José Ignacio Nájera por Guillermo da Costa

Un día, un desconocido (para mí) José Ignacio Nájera me escribe un correo electrónico en el que me invita, previo remite de mi dirección postal, a recibir como regalo «el libro que todavía no has leído sobre Cioran». Instigado por la curiosidad, y luego de remitirle mis datos, recibo (¡en tiempo récord!) la obra. Se trataba de El universo malogrado. Carta a Cioran (Murcia: Tres Fronteras, 2008).


Transcribo el perfil de su autor, José I. Nájera, tal y como figura en la solapa del libro:
«Nació en Xauen (Marruecos) en 1951 y vive en Murcia desde 1979. Es doctor en filosofía y profesor de esa materia en el Instituto Alfonso X el Sabio de la citada ciudad. Ha publicado las novelas Olvídate de Alcíbiades, Hermanos mayores y El enfermo epistemológico. En el año 2005 ganó el premio de ensayo «Miguel Espinosa» con la obra Caminos de otoño. Ha colaborado en diversas revistas con artículos, reseñas y narraciones cortas».

El libro El universo malogrado es una extensa carta póstuma a Cioran, un texto que homenajea pero que también, en ocasiones, recrimina a Cioran. Osado, en este sentido, y no solo en la denuncia de lo más obvio (como en el capítulo que Nájera titula «El fascio», en relación a la tan cacareada y malinterpretada etapa «fascista» de Cioran, que sin embargo Nájera trata sin prejuicios y con tino); también en cuestiones más sutiles, como cuando, en el apartado titulado «Místicos», Nájera objeta a Cioran que ligue tan estrechamente a España el «mundo de la emoción pura»: «Pero, recuerde -escribe Nájera-, cualquier comentario sobre un pueblo inevitablemente recae en el tópico».


Ignacio Nájera confiesa que la lectura de Cioran ha significado mucho en su vida. Y se nota. Que yo sepa, excepto Savater, actualmente nadie sabe más y mejor en España sobre Cioran que Nájera.



... Así que, en cuanto leí su magnífico libro, le propuse una breve entrevista para que figurase en la web. Aceptó con agrado.
ENTREVISTA A JOSÉ IGNACIO NÁJERA por GUILLERMO DA COSTA
El primer asunto está respondido en tu libro (al menos en parte); pero para ponernos en antecedentes: ¿por qué Cioran?

Independientemente del azar que me llevó a la primera noticia sobre Cioran, podría aducir otras causas. Enseguida sospeché que su Breviario de podredumbre, que fue lo primero que se publicó de él en España, congeniaba con las ideas que por entonces yo tenía sobre la vida, la existencia, la realidad, la religión, etc. Ideas en general poco positivas y más bien nihilistas. En realidad, guardando las distancias, fue el encuentro entre dos almas decepcionadas. ¿Decepcionadas de qué? De un pasado cristiano con toda seguridad. A los dos se nos había muerto Dios y estábamos convalecientes de eso. Por otro lado, ese era el estado de la cuestión de estos dos últimos siglos, la destrucción de los fundamentos de los dos pasados milenios. En ese sentido, Cioran no era una novedad —era un epígono más—. Ambos, Cioran y yo, pertenecíamos a esa ya amplia cofradía. Él en París, yo en mi modesta provincia.

A esto se le sumaba el estilo de Cioran. Bello, preciso, potentemente agoníaco. Fragmentado e irónico. Daba gusto leerlo, daba gusto su bello fuego graneado contra todo y contra todos. Entonces me satisfizo mucho su agresividad constante contra todo lo digno y todo lo edificante. Era una especie de vicariato de la mayoría de mis cuentas pendientes. Y así fue como a los veintidós años me instalé en Cioran. Sólo muy de vez en cuando me tomo mis vacaciones.

Cuando reparo en la impresión que Cioran tenía de España («España es el único país que quiero. Tengo pasión por España. Amo el genio fracasado de España», confesaba a Alina Diaconú en 1985), sospecho que idealizó nuestro país o que se formó una idea quijotesca de España a la medida de sus obsesiones… Al leer tu libro he tenido la sensación de que compartes conmigo algo de esta sospecha. ¿En qué sentido crees que Cioran pecó de incurrir en tópicos sobre España?

Sí, Cioran se creó una España y luego salió a buscarla. Por cierto, vino poco por aquí, pero leyó bastante sobre ella y sobre nosotros.

La España que se creó fue por tanto libresca. Más detenida en los austrias que en los borbones. Más en Teresa de Jesús que en La Celestina o en Quevedo. La mística le interesó mucho, la Inquisición menos. Unamuno, Ortega y María Zambrano, y pocos más. Leyó mucho a pocos. Nunca, creo recordar, habló del franquismo (quizá le recordaba fascismos de su pasado). Lo que más aprovechó fue nuestro sentido de la decadencia, la nostalgia por nuestro pasado, nuestra noción de fracaso, nuestro guerrerismo pordiosero… Lo que de los demás le gustaba en sí mismo, y al revés. Todo esto está bien, así fuimos —y aún lo somos—, pero ya no se nos puede reducir a eso. Quizá haya que pensar que Cioran estuvo muy familiarizado con aquella disciplina bella —pero bastante prejuiciosa— que se llamaba «Psicología de los pueblos», y que estuvo de moda a principios del xx. Algo parecido hizo con Rusia y con el pueblo judío. Lo más valioso de esas semblanzas es —de nuevo— su belleza literaria. Tanta que a veces no importa su grado de falsedad o de deformación.

Le dedicas un capítulo a la relación de Cioran con Nietzsche. ¿Te parece legítimo y atinado lo que afirma Susan Sontag al escribir que «Nietzsche […] dejó asentada hace un siglo casi toda la posición de Cioran»?

Nietzsche, como todo el mundo sabe, es un paso necesario que hay que transitar. Todos tenemos nuestro Nietzsche. Y Cioran también. El Nietzsche de Cioran indudablemente es el crítico, y el autocrítico; en absoluto es el propositivo. El superhombre le parece una broma de mal gusto, si no un delirio de solitario con ínfulas de predicador. Lo que Cioran no le perdona a Nietzsche es que quisiera crear parroquia, por mucho que el alemán alardeara de lo contrario.

Por supuesto, Nietzsche es muy superior a Cioran. Este es uno más en muchas cosas, casi en todas. Nietzsche, en cambio, es muy singular, tanto que ya va para un siglo que vivimos de su sombra, contra su sombra, a pesar de su sombra, etc. Por eso tiene razón Susan Sontag: el nihilismo fatigado o pasivo de Cioran ya estuvo presente en Nietzsche. «El sol se desplomó», «el horizonte se borró», «el mar se vació», «ya no hay arriba ni abajo…». Nos hemos quedado solos, y estamos tristes, desamparados, melancólicos, postrados, fatigados, en una palabra. He aquí cierto Nietzsche (el pre-propositivo) y todo Cioran al completo. Esa es la gran diferencia. En el fondo, Nietzsche supo sacar unas consecuencias no destructivas de la muerte de Dios; Cioran no ha dejado de danzar elegíacamente alrededor del muerto. No ha hecho otra cosa, ni en su literatura, ni en su vida. Sí que cabría observar que este nihilismo se podría remontar sin temor a Schopenhauer, y quizá a otros anteriores, y a otros…. Es tan humano.

Parece ser que en su juventud Cioran fue un tanto maníaco-depresivo. La fase maníaca la empleaba en potenciar la lucidez que le aportaba su melancolía. Vitaminizaba mucho su tristeza y su desespero.

Otro capítulo lo dedicas a la mujer, pero a su compañera, Simone Boué, apenas si la citas en el libro. A tu juicio, ¿cuál fue su papel en la vida y la obra de Cioran?

Yo tuve noticias muy tardías de la tal Simone Boué. De hecho, ha aparecido muy poco en la escritura de Cioran (en sus Cuadernos algo). Por lo que sé, fue la persona que lo ha mantenido a lo largo de toda su vida. Ella era profesora de idiomas —inglés— en institutos y de eso vivían. Una vida bastante modesta y austera la de ambos desde 1942, nada menos. Cioran, en este sentido, fue un macarra, como dijo Savater hace poco. ¡Claro, qué otra cosa iba a ser! Aspiraba a vivir sin trabajar y vaya que lo consiguió. Lo mantuvo su Simone, y supongo que con gusto. Para más inri, Simone le pasaba la escritura a máquina. Nadie tiene por qué suponer una mala relación entre ambos, de hecho han vivido más de 50 años juntos. Al final, la pobre Simone murió ahogada en la playa varios años después de la muerte de Cioran. Un ahogamiento sospechoso, no cabe duda. Como que se le había borrado su horizonte.

La función de Simone en Cioran, en su vida cotidiana, me cuesta imaginarla puesto que no los he conocido personalmente, y sólo conozco detalles y anécdotas de terceros y de alguna entrevista de Simone posterior a la muerte de Cioran. Sin embargo, sí que me han llamado la atención los escasos escritos que Cioran ha dedicado a la vida en pareja, y supongo que, por extensión, a la suya. Venía a decir que no entendía muy bien por qué una mujer decide unirse —tal vez de por vida— a un hombre. En la base creo que hay que recordar la antropología del desastre que sostiene su pensamiento. Si el ser humano es una pesadilla que nos ha ofrecido la biología, ¿qué pinta aquí adherirse a otro humano, sea hombre o mujer?

En consecuencia, habría que hacer más bien lo de Mainländer —optar por la virginidad­—, o lo de Schopenhauer —la amante ocasional, cuando no la furcia—, o el onanismo contumaz, pero nada de apesadillar a la pesadilla.

En este asunto, como en tantos otros, Cioran practicaba lo que no teorizaba. Tal vez Pessoa diera en el clavo al señalar que el poeta es un fingidor.

Una última pregunta más personal. ¿Cuáles son tus otros autores de cabecera y por qué?

Uf, bastantes, y a veces los llamados de cabecera no son tan importantes como los ocasionales. Por hacer un recuento biográfico, iré del pasado al presente. En mi adolescencia fue crucial El extranjero de Camus. Todavía sueño con él, con Meursault. Luego, La caída, también de Camus. Y La peste. Y sus ensayos. Ni que decir tiene que también lo fue Sartre, con La náusea y sus obras de teatro. Por supuesto, Nietzsche, siempre Nietzsche. Beckett, novelas y teatro. Pessoa, todo él, incluidos cigarrillos y vino. Julio Ramón Ribeyro tiene un libro de título estremecedor (y cioraniano): La tentación del fracaso. El contenido lo es más. Otra obra —de título desafortunado— es Las ventanas cegadas, del rumano-judeo-español Alexandre Vona, que cada vez que la releo me parece una nueva novela. El noruego Adkilsen y el austríaco Thomas Bernhard, se parecen bastante en sus chichorrerías. El novelista español Juan Benet. ¡Y Heidegger!

No he ido aduciendo los porqués de cada uno de los citados porque todos respiran un aire de familia inconfundible —con los matices pertinentes, faltaría—. Narran, poetizan, dramatizan, analizan… nuestra finitud, nuestra indigencia y nuestra soledad. Sus personajes, poemas o situaciones me son, a mi vez, muy familiares. Me veo en ellos, son mis vicarios y me ayudan a verme más transparente. Y también me consuelan: hay otros, me digo al leerlos, como yo: esos personajes de ficción apuntan a sus creadores. Y algo de calor siento. Tal vez sea el calor de ese Infierno que son los otros. Pero están ahí. Hacia arriba parece ser que no hay nadie. O al menos no contesta.

Me gusta Claudio Rodríguez. Mucho. Pero no comprendo por qué.


4 de noviembre de 2009

Breviario de los vencidos

«¿Tengo que dar gracias a la razón porque todavía soy y me abro camino en los asuntos del mundo? Tal vez a ella también. Pero en última instancia. ¿A los hombres? ¿A las apariencias? Ni unos ni otras han estado presentes cuando ya no era. Siempre me ayudaron después.

»Pero cuando los desarraigos del mundo penetraban en el Barrio Latino y tú ibas con tu exilio a cuestas entre tantos Ahasverus, ¿de dónde sacabas las fuerzas para soportar las malditas servidumbres del corazón y el zumbido de la soledad en medio de la niebla soñadora de los bulevares? ¿Ha habido en el bulevar Saint-Michel algún extranjero más extranjero que tú y al que cualquier puta o algún pedigüeño le haya aspirado con más fruición su perfume barato?

»Justamente como los forasteros hispanos, africanos o asiáticos en la Roma decadente saboreaban el ocaso de la cultura entre la confusión de los sistemas y de las religiones y, carentes de ideales, se refocilaban con las dudas de la Urbe, así deambulas tú, desengañado, durante el crepúsculo de la Ciudad de la Luz [...].

»En las calles respiras el aire de vacío del ocaso y te inventas auroras como si no quisieras reconocer que tú también participas del ocaso de la Ciudad. Y entonces te elevas, por un acto de voluntad, por encima de ella. Y quieres salvarte. ¿Quién o qué podrá ayudarte en la Ciudad?

»Nada, no me ha ayudado nada. Y si no hubiese tenido a mi alcance el largo del Concierto para dos violines de Bach, ¿cuántas veces no habría terminado? A él le debo el ser todavía. En la dolorosa e inmensa gravedad que me balanceaba fuera del mundo, del cielo, de los sentidos, de los pensamientos, todos los consuelos bajaban hacia mí y, como por encanto, volvía a ser, ebrio de agradecimiento. ¿A qué? A todo y a nada. Porque en ese largo hay una ternura por la nada, allí el estremecimento alcanza su perfección dentro de la perfección de la nada.

»Ningún libro me sostenía en el barrio de la enseñanza, ninguna creencia me mantenía, ningún recuerdo me fortalecía. Y cuando las casas se perdían entre azuladas brumas, cuando, septentrional y desierto, el Luxemburgo en pleno invierno nadaba en la escarcha y la humedad enmohecía los huesos y los pensamientos, lejos del presente, me quedaba embobado en mitad de la ciudad. Entonces me abalanzaba angustiado hacia la fuente de los consuelos y desaparecía y resucitaba en brazos de sonoras ausencias».

E. M. Cioran


Fuentes:
- E. M. Cioran: Breviario de los vencidos. Barcelona, Tusquets, 1993. Traducido del rumano por Joaquín Garrigós.
- http://www.youtube.com/watch?v=ArM2RFj350U

17 de agosto de 2009

[...]
«¿Cómo era su vida cotidiana?, ¿qué le gustaba hacer?

»Le gustaba mucho andar. Andar representaba una especie de terapia para él. Tenía accesos súbitos de depresión, de angustia, y la única forma de salir de ellos era escribir, leer o pasear a cualquier hora del día o de la noche. Le gustaba pasear por el parque de Luxemburgo. [...] Yo, de noche, no lo acompañaba. Me quedaba durmiendo en casa. Después de cenar, se ponía el abrigo y decía: "hasta mañana"».

SIMONE BOUÉ
Fuentes:
- http://www.youtube.com/user/JanVanBiervliet
- Carlos Cañeque & Maite Grau: Cioran: el pesimista seductor. Barcelona, Sirpus, 2007, p. 86.

27 de junio de 2009

«MÁS ALLÁ DE LA NOVELA»


«Y si no hicieras nada más que escribir tu vida, toda tu vida, al menos la habrías creado».
ELIAS CANETTI
Nadie menos sospechoso que Cioran de reducir el universo «a las articulaciones de la frase», de emancipar la prosa del objeto y del mundo; y sin embargo, nadie más escrupuloso de las palabras, más exquisito del verbo y vinculado al estilo. Asqueado del vocablo y, empero, tan diestro en él como solo lo lograron algunos pienso en Nietzsche o en Canetti.
Anti-filósofo y anti-dialéctico, la escritura de Cioran despide, con todo, dialéctica y sollozo compartidamente. Respecto al sollozo, no es preciso extenderse aquí; como escribí en la revista Suspiria, Cioran ha tratado todos los temas más apremiantemente filosóficos desde su experiencia de la amargura. Es un exquisito de la desesperación porque no ha sorteado los escollos de la duda ni del paroxismo que calcina la sangre, ni pone emplastos sobre el destino angustiado que sobreviene luego del hartazgo de existir, pues «El mero hecho de ser es tan grave que, comparado con él, Dios es pura bagatela».
Cioran es dialéctico en tanto que reflexivo y polemista. Si de atacar la novela se trata, no es tanto por el anhelo de dirimir el asunto (por el contrario, él mismo asume, luego de sostener el acabamiento de la literatura, su incompetencia para solucionar o concluir la cuestión), sino inducido por la pasión intelectual y viviente con que abordaba todos los temas. Además, la novela aparece, en el texto que discuto («Más allá de la novela», v. bibliografía), vinculada a otros conceptos y nociones recurrentes en la obra de nuestro pensador. Así, por ejemplo, están la apelación a la civilización, a la psicología (y en particular a los «complejos», al «carácter» y al «yo»), a la tragedia, a la historia.
Confesaba Cioran, en El ocaso del pensamiento, que «El papel del pensador es retorcer la vida por todos sus lados, proyectar sus facetas en todos sus matices, volver incesantemente sobre todos sus entresijos, recorrer de arriba abajo sus senderos, mirar una y mil veces el mismo aspecto, descubrir lo nuevo solo en aquello que no haya visto con claridad, pasar los mismos temas por todos los miembros, haciendo que los pensamientos se mezclen con el cuerpo, y así hacer jirones la vida pensando hasta el final. ¿No resulta revelador de lo indefinible de la vida, de sus insuficiencias que solo los añicos de un espejo destrozado puedan darnos su imagen característica?».
No resultará extraño, por tanto, que para él haya «una relación entre el ritmo fisiológico y la manera de escribir de un escritor»; o que, en punto a los complejos, vea en estos una suerte de «esnobismo» que acrecienta nuestro yo, profundiza en presuntas facultades del mismo y «engrandece nuestras naderías». El novelista entrega su vida al público merced a una falta de pudor; se inventa una vida porque en realidad no la tiene, porque en realidad no existe: la paradoja del «civilizado» siempre según Cioran consiste en tamizar sus secretos y disfrazarlos de efectos buscados... A través de la novela, engaña al mundo y disimula la inconveniencia de sus profundidades. ¡Qué contraste con el místico! Lo que critica Cioran es que el novelista, al contrario que el místico (y hay que pensar en la importancia capital que para este escritor tuvieron los místicos y el sentido de la religiosidad más radical), escamotea «nuestros auténticos problemas», interponiendo una pantalla «entre nuestras realidades primordiales y nuestras ficciones psicológicas». La paradoja del autor, de todos nosotros, es que somos hijos de la novela («civilización occidental, civilización de la novela», escribe el rumano). Género al cual, puesto que viola toda intimidad, reprocha Cioran el que sea banal: «Páginas y páginas: acumulaciones de naderías», afirma.
La de Cioran con la novela es una relación de amor / odio. Reconoce que los libros más conmovedores y, quizá, los más grandes que ha leído eran novelas (cómo no recordar al Cioran que elogia a Gógol y a Dostoievski, o incluso al Cioran íntimo de Beckett); pero, al mismo tiempo llama a la novela «prostituta de la literatura», oponiendo el héroe trágico al personaje de la novela: en la tragedia, el autor es «instrumento» al servicio de los héroes, «son ellos los que mandan y le intiman a redactar el acta de sus hechos y gestos»; las novelas, sin embargo, no son independientes de la psicología, «siempre pensamos en el novelista», en tanto que el personaje está desprovisto de destino y de «aliento cósmico», de «carácter».
Lo que importuna a Cioran de la psicología es que se convierta en «el único tipo de profundidad del que somos susceptibles». Incapaces metafísicamente, la psicología encubre las variaciones afectivas a que remite nuestra «vida interior», pues al procurar interpretar dicha vida, en realidad desplaza el fondo de nosotros mismos, al menos en el sentido místico al cual remite continuamente este autor. Y, por otro lado, «la novela hubiera sido inconcebible en un período de florecimiento metafísico: es imposible imaginársela prosperando en la Edad Media, ni en Grecia, India o China clásicas». El personaje novelesco no alcanza jamás el absoluto, designio metafísico por antonomasia. Y si los héroes dostoievskianos nos son tan familiares es porque nos intriga su ineptitud para salvarse, su impaciencia por decaer. «Es por su condición de santo fallido por lo que el príncipe epiléptico se sitúa en el centro de una intriga, pues la santidad realizada es contradictoria con el arte de la novela».
La inteligibilidad está en crisis. Según Cioran, el artista ha devenido esteticista, y, merced a una «exacerbación del intelecto acompañada de una disminución del instinto», cuenta más el comentario que precede o sucede a la obra que la propia obra: «es el individuo quien hace al arte, no ya el arte quien hace al individuo». Aunque Cioran no emplea el término postmodernidad, podemos recurrir a él para referirnos a estas cuestiones. En efecto, sucede que el presente estado del arte es consumadamente ecléctico, y Cioran critica lo que refiere al artista en tanto que «glosador». El artista de hoy recurre a lo oscuro en menoscabo de lo inteligible y del «sentido». En literatura, opina Cioran, el eclecticismo resulta en un saber que no sería sino «universalidad de superficie [...] Quiebra de una época en la que la historia del arte sustituye al arte y la de las religiones a la religión». Por cierto, crítica esta que nos recuerda el reproche que Cioran le hacía a su compatriota Mircea Eliade.
Milan Kundera, en El arte de la novela, ofrece una visión sugerente en torno a la novela y a la modernidad. Para empezar, sostiene que «la sabiduría de la novela es diferente de la de la filosofía». Según él, la novela no nace del espíritu teórico sino del espíritu del humor... Su definición de novela como «arte inspirado por la risa de Dios» nos infundiría la sospecha de si el eco de Éste se ha transfigurado, puesto que, como reconoce Kundera, «la modernidad se ha vestido con el ropaje del kitsch». ¿Qué hay, entonces, de y en la postmodernidad? ¿Es la llegada de la novela «sin materia»?...

Cioran se refiere al desvanecimiento de la materia de la literatura. Pero para él, dicho desvanecimiento provendría del ocaso del propósito de la literatura: «farsa de nuestras interrogaciones, de nuestros problemas, de nuestras ansiedades». Producto de la necesidad que tiene el civilizado de inventarse una vida. Es más: Cioran opina que el novelista expresa bien «la obsesión moderna por la historia y la psicología».

En el colmo de su reflexión, Cioran esgrime siempre un fino y escéptico humor; por ejemplo, cuando se pregunta: «¿Acaso hay un solo acontecimiento que valga la pena de ser relatado?». Pero ¿cómo no agradecerle al autor de este texto que, como en toda su obra, nos arrastre, mediante la escritura, hacia una aventura más allá de lo libresco? Es el «tono», que él mismo define como «lo que no puede inventarse, aquello con lo que se nace [...] una gracia heredada, el privilegio que tienen algunos de hacer sentir su pulsión orgánica, el tono es más que el talento, en su esencia».

Guillermo da Costa

BIBLIOGRAFÍA

E. M. CIORAN: La tentación de existir. Taurus, Madrid, 1973. Cf. el capítulo titulado «Más allá de la novela», pp. 119-131.
MILAN KUNDERA: El arte de la novela. Tusquets, Barcelona, 1994.

12 de junio de 2009

J. S. BACH & E. M. CIORAN
















En conversación con Benjamin Ivry, a propósito de la cita: «Si alguien debe todo a Bach es sin duda Dios», su autor, E. M. Cioran indica que: «Sin Bach, Dios quedaría disminuido. Sin Bach, Dios sería un tipo de tercer orden. Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso. Todo en él es profundo, real, sin teatro. Después de Bach, Liszt resulta insoportable. Si existe un absoluto, es Bach. No se puede tener ese sentimiento con una obra literaria, hay textos, pero no son formidables. El sonido lo es todo. Bach da un sentido a la religión. Bach compromete la idea de la nada en el otro mundo. Cuando escuchamos su llamada, no todo es ilusión, pero Bach es el único que lo hace. Fue un hombre mediocre en su vida. Sin Bach, yo sería un nihilista absoluto».

Se puede seguir la pista de Bach por toda la obra de Cioran. El músico alemán figura repetidamente en sus libros. Incesante materia de inspiración, en verdad, el pensador rumano amaba hondamente a Bach:

«¡Ojalá Dios hubiese hecho este mundo tan perfecto como Bach lo hizo divino!».

***
«Sin Bach, la teología carecería de objeto, la Creación sería ficticia, la nada perentoria.
»Si alguien debe todo a Bach es sin duda Dios».

***
«Cuando escuchamos a Bach, vemos germinar a Dios. Su obra es generadora de divinidad».

***
«Tras un oratorio, una cantata o una “Pasión”, Él tiene que existir. De lo contrario toda la obra del Cantor sería una ilusión desgarradora» […].

***
«En la iglesia de Saint-Séverin, escuchando al órgano El Arte de la Fuga, me repetía: “He aquí la refutación de todos mis anatemas”».

Cuando uno lee a Cioran, comprende que se pueda aprender a admirar a un músico a través de la obra de un escritor.

Guillermo da Costa

9 de mayo de 2009

VIDEOTECA DE HUMANIDADES


«Al inicio de los años 80, 21 de la calle Odeon, en París, en un apartamento abuhardillado de tres cuartos, vive un sabio [...]». Así comienza el documental «E. M. Cioran. Sa vie. Son oeuvre» (de la serie «Un siècle d'écrivains»), cuya versión con subtítulos en español ya está disponible por cortesía de la Videoteca de humanidades.

El film, a cargo de Patrice Bollon y Bernard Jourdain, recorre la vida y obra de Cioran, presentándonos un panorama significativo y completo del pensador rumano. Lo integran además diversas citas leídas de algunas de sus obras, así como una entrevista a Cioran cuyo visionado es un verdadero privilegio. Se atisba así al Cioran lúcido, desapegado, lapidario, desesperado pero también cínico, apasionado, místico, dandy y risueño que todos conocemos. El Cioran, en fin, que nos advierte de que «todo conocimiento llevado hasta el final puede ser peligroso y malsano, porque la vida es soportable únicamente porque uno no va hasta el final [...]».
Guillermo da Costa

8 de mayo de 2009

PARADOXA. REVISTA DE FILOSOFÍA: CIORAN, 10 AÑOS

La revista de Filosofía de la Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia): Paradoxa, dedicó en 2005 su noveno número a Cioran. En la web de Paradoxa tenemos acceso al contenido íntegro del monográfico sobre Cioran: «Cioran, 10 años».

La revista la integran, entre otros, textos sobre Cioran y la denominada «joven generación» o sobre la presencia e influjo de Pascal en la obra del filósofo rumano. Lecturas e interpretaciones sin duda provechosas, intoxicadas siempre por esa pasión que levanta Cioran.

En suma, este número de Paradoxa es una mirada crítica, que interpreta y enriquece el panorama en torno a Cioran. Y sin perder de vista que, como figura en el Editorial, «esta edición es un breve tributo a quien no necesita ninguno».

Guillermo da Costa

2 de abril de 2009

QUOUSQUE EADEM?

«Quousque eadem?

»¡Que sea maldita para siempre la estrella bajo la que nací, que ningún cielo quiera protegerla, que se disperse por el espacio como un polvo sin honra! Y el instante traidor que me precipitó entre las criaturas, ¡sea por siempre tachado de las listas del Tiempo! Mis deseos no pueden ya compadecerse con esta mezcla de vida y de muerte en que se envilece cotidianamente la eternidad. Cansado del futuro, he atravesado los días, y, sin embargo, estoy atormentado por la intemperancia de no sé qué sed. Como un sabio rabioso, muerto para el mundo y desencadenado contra él, sólo invalido mis ilusiones para excitarlas mejor. Esta exasperación, en un universo imprevisible -donde empero todo se repite-, ¿no tendrá fin jamás? ¿Hasta cuando repetirse a uno mismo: "Execro esta vida que idolatro"? La nulidad de nuestros delirios hace de nosotros otros tantos dioses sometidos a una insípida fatalidad. ¿Por qué insurgirnos aún contra la simetría de este mundo cuando el mismo Caos no podría ser más que un sistema de desórdenes? Pues nuestro destino es pudrirnos con los continentes y las estrellas, pasearemos, como enfermos resignados, y hasta el final de las edades, la curiosidad por un desenlace previsto, espantoso y vano».

E. M. Cioran: Breviario de podredumbre. Madrid, Taurus, 1992, p. 275. Trad.: Fernando Savater.

21 de febrero de 2009

CIORAN. ENSAYOS CRÍTICOS

La profesora María Liliana Herrera Alzate, investigadora principal del Proyecto Emil Cioran y cultura rumana ha tenido la gentileza de enviarme la obra Cioran: Ensayos Críticos. El volumen lo integran catorce artículos de diversos autores, y se trata de textos previamente pronunciados en el Coloquio Internacional Emil Cioran que se celebra cada año en Sibiu, cerca de Răşinari (Rumanía), pueblo natal de Cioran. Dichos artículos fueron antes publicados en francés por la revista Cahiers Emil Cioran: Approches critiques, así que es de agradecer que los editores de Cioran: Ensayos Críticos (M. Liliana Herrera A. & Alfredo A. Abad T.) nos ofrezcan la selección y traducción española de unos trabajos claramente valiosos para quienes estudiamos la obra del pensador rumano-francés.

Así pues, me ha parecido apropiado estrenar esta web con la referencia a un resultado de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), cuyo Proyecto de investigación Emil Cioran y cultura rumana responde, según su resumen, al «interés que un sector de la comunidad filosófica colombiana está presentando por el pensamiento asistemático». Y máxime porque «cabe anotar que la Escuela de Filosofía de la UTP es una de las primera del país [Colombia] en introducir en la cátedra de Filosofía contemporánea una introducción y reflexión en torno a la obra de Cioran».

M. Liliana Herrera A. & Alfredo A. Abad T.: Cioran. Ensayos Críticos. UTP, Colombia, 2008.

Guillermo da Costa